En términos sencillos el riesgo país mide el rendimiento extra que los inversores les exigen a los bonos de Argentina en comparación a lo que les exigen a los bonos de Estados Unidos, considerado el país menos riesgoso a la hora de invertir. Simplificando la explicación del cálculo, si la canasta de referencia de bonos del Tesoro de Estados Unidos (Treasuries) rinde 5% y la de bonos de Argentina rinde 11%, el riesgo país es aproximadamente de 600 puntos básicos. Es decir, que los inversores piden un 6% extra de tasa por sobre la tasa “libre de riesgo” para dejar de invertir en esta última e invertir en Argentina. Cuando los bonos soberanos argentinos suben de precio, suponiendo constante los precios de los bonos estadounidense, el riesgo país baja y viceversa.
Este indicador, además de funcionar como un reflejo del riesgo percibido por los inversores sobre el país, es importante porque nos muestra la capacidad y el costo que debe pagar el país por tomar deuda. El riesgo país funciona como un piso para las tasas locales. Si este sube, el Estado paga más y las empresas y provincias deben abonar tasas aún más altas, lo que frena la inversión y afecta las expectativas sobre el dólar y la estabilidad general.
El riesgo país viene acelerándose desde el 10 de julio de este año, cuando tocó el mínimo de la gestión de Javier Milei llegando a los 400 puntos. Desde ese momento, rueda tras rueda, este indicador subió constantemente hasta situarse en 630 puntos, nivel que supera ampliamente los 510 puntos promedio de 2026, pero que todavía está por debajo del valor promedio de toda la presidencia de Milei, que se sitúa en 935 puntos. Analizamos el recorrido de esta variable hasta llegar a la situación actual, los números que mira el mercado y lo que podría pasar hacia delante.
¿Cómo llegamos hasta acá? 4 etapas bien marcadas.
El riesgo país durante la gestión de Milei lo podemos dividir en 4 etapas diferenciadas. Milei asumió la presidencia con un riesgo país de 1900 puntos, y descendió sin parar hasta finalizado el año, cuando el indicador se situó en 630 puntos. Comenzado el 2025 pareció llegarse a un piso y el indicador promedió 740 puntos hasta el momento previo a las elecciones legislativas de octubre 2025.
Con la llegada de las encuestas electorales para las elecciones de medio término, la incertidumbre crecía, al igual que la presión sobre el dólar y las dudas con respecto a la sostenibilidad del programa económico. Esta situación provocó una escalada hasta la zona de 1400 puntos, duplicando el indicador en unos pocos días, hasta estabilizarse en 1000 puntos el día previo a las elecciones. Tras la victoria electoral de La Libertad Avanza, el riesgo país volvió a caer drásticamente hasta alcanzar los 700 puntos, retornando a los niveles previos.

Desde ese momento, la recuperación de la imagen de Milei, las mejoras en las perspectivas económicas hacia delante (potenciadas por la ayuda económica desde Estados Unidos de la mano de Bessent) y la disminución de las presiones cambiarias, hicieron que el riesgo país comience una nueva fase descendente que logró llegar hasta los 400 puntos en Julio, mínimo de la gestión de Milei. Podemos marcar la finalización de este período en agosto, cuando el indicador volvió a volatilizarse y alejarse de los mínimos. En esta cuarta y actual fase llevamos 200 puntos acumulados de suba. Faltando más de un año para las elecciones, vemos que, de continuar esta tendencia, el período de incertidumbre pre electoral se estaría anticipando, en comparación a los comicios anteriores.
Los números que mira e ignora el mercado
Si miramos los principales ratios macroeconómicos que suele analizar el mercado a la hora de elegir bonos soberanos, vemos que no hay ningún tipo de deterioro que justifique esta reciente suba del riesgo país. Donde sí podemos encontrar una relación más clara, es en los indicadores políticos, como el Índice de confianza en el Gobierno y las encuestas electorales.
El número que más suele analizar la prensa económica a la hora de justificar movimientos en los precios de los bonos argentinos es la acumulación de reservas del Banco Central. Este dato es de los más importantes, ya que es directamente la variable que correlaciona positivamente con la capacidad de pago del gobierno a los tenedores de bonos. Si bien vimos un descenso del riesgo país a medida que se aceleraba el proceso de acumulación de reservas del BCRA, vemos que, llegado al objetivo propuesto por Caputo, los bonos dejaron de responder de forma evidente ante cambios en las reservas compradas rueda tras rueda.
Otro de los factores más relacionados con el riesgo país es el resultado fiscal, el cual vemos que sigue sólido a través de los meses, sin clara correlación con los movimientos en los precios de los bonos. Lo mismo sucede con la calificación crediticia de los países, que puede considerarse como un tipo de “garantía” por parte de las calificadoras internacionales. Argentina obtuvo en mayo y junio las recalificaciones de Fitch y MSCI, respectivamente, lo que en un primer momento se reflejó en una mejora en los bonos, pero que no logró sostenerse en el tiempo, incluso volviendo a los niveles previos a la recalificación.
Si analizamos estas variables en países comparables y lo relacionamos con sus respectivos niveles de riesgo país, vemos una dinámica más marcada: Argentina presenta niveles de riesgo país ampliamente superiores a países con iguales niveles de deuda, reservas y calificación crediticia.



Este desprendimiento de Argentina con respecto a sus comparables muestra que el mercado no sólo está evaluando las ratios tradicionales, sino que está contemplando principalmente los factores políticos. Este hecho lo podemos ver también al comparar los movimientos que tuvieron el riesgo país local y el del resto de los países comparables de Latam (indicador que excluye a Venezuela y Argentina). Vemos que desde que comenzó el 2026 hasta agosto, el promedio de Latam experimentó un muy leve descenso, el que Argentina siguió de forma más fuerte, minimizando el “spread” entre estos dos indicadores. A partir de agosto el riesgo país local comenzó a acelerarse sin que lo hagan los otros países de Latam, lo que hizo que este spread se acerque a los máximos del año en 400 puntos. Este hecho es habitual para Argentina en períodos electorales, como en octubre 25 cuando en la previa a las elecciones el spread llegó a superar los 900 puntos.

Si bien todavía falta más de un año para las elecciones y no hay claridad al respecto, el mercado empieza a cubrirse de la incertidumbre incipiente, influenciado aún por el golpe que sufrió en agosto 2019, cuando Alberto Fernández dio la sorpresa ganándole a Macri (el Riesgo País subió de 800 a 2500 en pocos días).
Como mencionamos anteriormente, el mercado empieza a mirar más los factores políticos que macroeconómicos, y el indicador clave es el índice de Confianza en el Gobierno, que se usa como un estimador del resultado que obtendría el oficialismo en las elecciones. El índice medía 2,86 (sobre 5) al comienzo de la gestión de Milei, y el último publicado fue de 1,94 puntos, nivel que representa una disminución de 5,9% respecto del mes anterior y de 32% desde el comienzo de la gestión.
Comparando con otras presidencias, el nivel de confianza en el mes 33 de Javier Milei es 10,7% mayor que el de la presidencia de Mauricio Macri, y 57,4% mayor que el de la de Alberto Fernández, en el mismo mes de gestión. Este valor, extrapolado a intención de voto arroja una intención de voto del 38,8%, que viene en descenso desde el 57% medido en enero 2024.

Mirando los factores macro y políticos podemos interpretar que el mercado no pone en duda la viabilidad del modelo de acumulación de reservas actual, sino que se cubre de un posible cambio de mando, y por lo tanto, de modelo económico. A los factores políticos locales se le suma el ruido externo provocado por la guerra en oriente, la suba de los precios del petróleo y la consiguiente aceleración inflacionaria en Estados Unidos. Esta situación provocó que la Reserva Federal suba las tasas de interés, elevando el rendimiento de los bonos referencia mundial, incentivando al mismo tiempo, que los flujos de capitales se muevan desde los países emergentes hacia el hemisferio norte.

Recordemos que además el riesgo país se mide sobre el rendimiento de los Treasuries, por lo que una suba en los rendimientos de estos pone un piso mas alto para el mínimo nivel de riesgo país que puede aspirar Argentina. Volviendo al ejemplo de la introducción (y nuevamente simplificando el cálculo), aunque el riesgo país local se mantuviera en 600 puntos, si los Treasuries tuvieran una suba de rendimiento de 5% a 6%, ahora los bonos argentinos deberían rendir 1 punto mas de tasa, quedando con 12% de rendimiento. Por lo tanto, esta suba de las tasas norteamericanas también juega en contra de nuestros bonos soberanos.
Hacia delante, las elecciones de medio término en Estados Unidos, el 4 de noviembre, constituyen un suceso determinante, ya que confirman la continuidad a futuro de la hipotética posibilidad de apoyo potencial para Argentina (como pasó con Bessent en 2025).
Mas allá del impacto general del ruido internacional sobre los países emergentes, vemos que el golpe para Argentina es llamativamente mayor. Este hecho, se refleja en el ratio que mide la diferencia de riesgo país entre Argentina y el resto de los emergentes latinoamericanos. Se observa cómo todos los países tuvieron una leve tendencia ascendente en su riesgo país, pero en argentina, se dio de forma más pronunciada, separándose del resto. Esto permite afirmar que localmente el shock externo se vio amplificado por un contexto de creciente incertidumbre política.

Llegamos así a un punto clave: los rendimientos potenciales volvieron a niveles atractivos, pero todavía falta un año para las elecciones, y sabemos que el riesgo país no duda a la hora de volar hacia los 1000 puntos cuando el mercado tiene miedo. Para retornar a los niveles previos, el gobierno necesitará recomponer cuanto antes los indicadores de confianza y medir mejor en las encuestas, sin descuidar el resto de las variables macro que sigue el mercado. La estrategia de los candidatos opositores también dará señales sobre la probabilidad de reelección del oficialismo, hoy estimada en 38,8%. Sin definiciones claras en ese frente, y sin mejoras en actividad, empleo y salarios que apuntalen la imagen del presidente, la volatilidad seguirá siendo protagonista, y el último trimestre del año será decisivo para revertir el deterioro reciente.