|
Se trata de un apriete en gran escala nunca visto antes en esta magnitud, con amenazas de cierres de frigoríficos, de retiro de matrículas o de multas millonarias.
Es, probablemente, un contragolpe a la suba de precios del ganado, de la carne mayorista que habría sido importada y del alza de los precios al mostrador. Ha subido, porque falta, lo bueno y bien terminado, que no pasa, con suerte, de un tercio de la oferta total. El resto, la vaca, el novillo pesado y la mayoría de la oferta de ganado de deficiente terminación, no ha subido, o ha subido muy poco. La reacción oficial llega tarde, pero parece decidida como nunca en estos dos últimos años de conflictos.
Igual que el año pasado, el Gobierno en marzo ha sobreactuado la reacción; la matanza en los últimos cuatro meses es tan alta o más que un año atrás. Lo de marzo, fue una suba excepcional, aunque no descartamos que como se presenta el otoño, tengamos nuevamente episodios de faltantes coyunturales de ganado; resultado de la combinación del clima (lluvias intensas) y de las desafortunadas medidas del Gobierno.
El productor, ante la desinformación y la incertidumbre, demora las ventas.
Síntomas de liquidación. El año pinta claramente de liquidación, no sólo porque el Gobierno ha ratificado su política ganadera, sino también porque estamos viviendo un nuevo salto de la superficie agrícola, que no llegó a manifestarse todavía de manera plena en la campaña de cosecha gruesa, que ahora se está levantando. Miles de productores hoy saben cuál será la actitud del Gobierno frente a la ganadería; mucha gente –nosotros entre ellos– creyó el año pasado que el cierre de exportaciones había sido un arrebato circunstancial; al exportarse luego durante agosto-noviembre por cuatro meses consecutivos más de 70 mil toneladas mensuales, ese pensamiento se afirmó. Pero ahora, muchos productores ven que mientras esté esta administración –probablemente cinco años más– la ganadería vivirá el día a día, a los saltos. No importan los costos, la inflación debe ser controlada.
Estos errores ya están desencadenando una liquidación, especialmente en la zona pampeana, que desembocará inevitablemente en una menor producción de carne.
Pero para que esto suceda, es decir como resultado de una menor oferta, los precios se afirmen, puede llevar mucho tiempo, y la tentación agrícola (sin retorno) en el ínterin, es irresistible.
Hoy se ve a muchos invernadores que han decidido achicar el área ganadera y el número de novillos a invernar; se ven también criadores que se desprenden de vacas útiles, que en un 90 por ciento de los casos, inclusive preñadas, va a faena, porque no hay compradores interesados. La superficie con praderas y verdeos se reduciría este año un millón de hectáreas, sea por el exceso de lluvias, sea por los precios máximos, sea por las perspectivas poco favorables.
Cambios en la producción. En los últimos meses, los invernadores han vuelto más extensivo el engorde, reduciendo drásticamente la suplementación; se invierte menos maíz en los novillos, cuyo proceso de engorde se alarga. Hay una camada abundante de machos que perdió mucho tiempo en el campo este verano, por el calor, los insectos y la seca y que, ahora, a favor de lluvias abundantes y generalizadas encuentra pasto como para recuperarse y progresar.
Pero esta mini-retención, que se complica también por la campaña de vacunación, tiene sus límites en dos hechos: a medida que avance el otoño, los engordes irán empeorando y los novillos se estancarán, forzando su venta. El otro límite vendrá dado por la llegada de las primeras heladas, que encontrarán los campos cargados como nunca, y obligarán a un alivio en los meses de mayo-junio. Debe recordarse que a fines del año pasado, el stock ganadero, de acuerdo a la vacunación, registraba otro crecimiento, esta vez de 900 mil cabezas en las 10 principales provincias, por lo que podemos decir que existe todavía un interesan
La Voz del Interior
|