El escenario en que se mueven las commodities agrícolas en los mercados internacionales permaneció inmutable. Los actores principales volvieron a ser los mismos de los cuales se viene hablando desde hace algún tiempo: el clima en Sudamérica, el contexto macroeconómico y las ventas de los fondos. Y, todo esto, tal como si se tratara de una obra teatral exitosa que repite una y otra vez su función a lo largo del verano en la costa atlántica, hizo que el panorama para los cereales y oleaginosas no cambiara durante la semana que pasó.
Las buenas condiciones climáticas que acompañan el desarrollo de los cultivos en esta parte del continente permitieron que una renombrada consultora internacional, como lo es Informa Economics, elevara sus estimaciones de cosecha tanto para Brasil como para la Argentina. Por el lado de la soja, los números previstos por dicha entidad se elevaron a 66,5 y 54 millones de toneladas, respectivamente, mientras que por el lado del maíz se calcularon 53,3 y 18,2 millones en cada caso. Estas cifras implican incrementos no sólo en la comparación con los datos reportados durante la campaña anterior, cuando la sequía limitó el potencial productivo de las principales regiones agrícolas, sino también respecto de las proyecciones del mes pasado.
Otros actores. Factores externos tales como el fortalecimiento del dólar, que alcanzó en los últimos días su mayor relación frente al euro en seis meses, siguieron formando parte del elenco. La moneda estadounidense se continúa fortaleciendo de la mano de una recuperación de esa economía, la cual estaría volviendo a la senda del crecimiento a un ritmo lento pero más acelerado que el de la Unión Europea o Japón.
Los fondos también desempeñaron un papel fundamental en la obra, efectuando una voluminosa liquidación de posiciones en el caso de los especulativos, que acentuó constantemente la tendencia bajista que siguieron los precios. Desde mediados de diciembre, estos redujeron su posición en 11 millones de toneladas para el caso de la soja, 10 millones por el lado del maíz y otros seis millones en trigo.
Su impacto sobre los precios fue inmediato y aún persiste, a pesar de haber sido parcialmente compensado por una creciente participación compradora de los fondos. Todo esto hace pensar que las posibilidades de una reversión en la caída que están siguiendo los mercados de productos agrícolas sólo podría aparecer a partir de un cambio brusco en alguno de los factores antes mencionados.
Puntualmente, a menos que el clima se torne desfavorable en nuestra región o que la economía estadounidense vuelva a debilitarse (o a crecer menos que el resto de los países desarrollados), las chances serán limitadas, ya que los fondos difícilmente cambiarán su orientación si no es acompañando a alguna de estas variables.
(*) Analista de mercado de Fyo.com