Luego de varios años de liquidación, 2010 parece ser un año de transición, que apunta al equilibrio o a una retención incipiente, en el que, no obstante, resulta difícil pensar en valores superiores a los actuales para la hacienda gorda.
Por otro lado, 2010 parece ser más favorable para los criadores que para los invernadores. Estos últimos se ven muy afectados por la desfavorable relación de compraventa. En cambio, "los criadores sobrevivientes a la sequía y a las malas políticas oficiales pudieron aprovechar desde principios de año la valorización del ternero y, más recientemente, el repunte de cotizaciones de las vacas para faena (carnicería y manufactura), que representan entre el 35 y el 40% de los kilos vendidos en cada establecimiento", señala Ignacio Iriarte, director de Informe Ganadero. Las vacas de descarte se pueden invernar y vender gordas a $ 4,50/5 por kilo con el forraje disponible en la cuenca del Salado y en el NEA, producto de las abundantes lluvias otoño-invernales.
Los motivos de la suba del valor de las vacas son varios, según Iriarte. Por un lado, hay una significativa reducción de la faena de esta categoría: en el invierno de 2009 se enviaban a matanza 350.000 vacas por mes, mientras que en igual fecha de 2010 se faenan 190.000, con tendencia declinante. También presiona la demanda a través de las baratas de los supermercados. El acuerdo con la Secretaría de Comercio, que autorizó la exportación de 20.000 toneladas mensuales de carne, exige la entrega de 2000 t semanales de cortes a bajos precios a los supermercados. Esta mercadería y muchas exportaciones provienen fundamentalmente de la faena de vacas.
Mientras tanto, se observa que la oferta de terneros tiende a achicarse semana a semana. Sale de los campos muy dosificada y con precios que se mantienen a pesar del parate del gordo. En ese comportamiento pesan los 3 millones de terneros que se dejaron de producir en 2009. "El buen momento para los criadores debería ser aprovechado para recuperar la producción de forraje de los campos, apotrerar e incorporar buena genética, que permita dar productividad a sistemas de producción que fueron deteriorados por muchos años de malos precios", aconseja un veterinario de Roque Pérez.
Por Carlos Marín Moreno